Uno de los mayores problemas es la emancipación. Con alquileres por las nubes y precios de compra imposibles, muchos jóvenes no pueden independizarse, lo que retrasa su desarrollo personal y profesional.
Las redes sociales también influyen en su bienestar. Aunque ofrecen oportunidades, generan ansiedad, comparaciones irreales y afectan la autoestima. Esto, sumado a la inestabilidad económica, ha provocado un aumento alarmante en los problemas de salud mental.
Es hora de que las políticas públicas actúen con firmeza. Mejor acceso a la vivienda, empleo de calidad y apoyo en salud mental son clave para que la juventud recupere el lugar que merece en la sociedad.
2025 puede ser el año del cambio, pero solo si se toman medidas reales para garantizar un futuro digno a las nuevas generaciones.
By: Ángela Mena Galán
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